Golpe de Estado en BoliviaNoticiasOpinión

Ofendidos

Participó el presidente en funciones David Choquehuanca, quien unió a la bandera nacional tricolor y la bandera nacional wiphala para izarlas en los mástiles de la plaza 24 de Septiembre. Eso encendió la bronca de los “ofendidos” una semana antes que, a gritos, bajaron las banderas y sustituyeron a la multicolor por la de la flor de patujú, tan símbolo nacional como la otra. Los indignados, seguidores del gobernador y del Comité Cívico Pro Santa Cruz, dolidos por la ofensa de Choquehuanca expulsaron a chicotazos a quien parecía colla, Camacho dijo que ponía fin a los supuestos insultos y cerró el acto a gritos, como sus seguidores, para cerrarle la boca al Presidente en ejercicio de Bolivia. Los indignados golpearon a un camarógrafo del canal estatal de televisión y el presidente del Comité Cívico, Rómulo Calvo, dio la espalda a los asambleístas del MAS, quienes luego de desfilar se acercaban a saludar a las autoridades locales. Calvo no solo dio la espalda, además levantó las manos para que no lo toquen y, pasado el peligro, regó con alcohol sus manos, las de las autoridades y el sitio por donde pasaron los asambleístas del MAS.

Un locutor de radio de La Paz inmediatamente justificó. Dijo que era un despropósito que el Gobierno no llevara la bandera con la flor del patujú a ese tipo de actos. Camacho explicó que se había decidido no izar la wiphala. Una de sus senadoras, con la voz entrecortada por la bronca, dijo que no es posible soportar tanto insulto del Gobierno nacional, y que las agresiones habían empezado en la inauguración de la Feria.

Esta derecha ya ni pestañea al hacer el ridículo. Pretenden imponer en la sociedad boliviana que incluso el Presidente de Bolivia debe pedirles permiso para hablar de lo que decida, necesite o quiera. Que si no les gusta lo que otro piensa pueden golpearlo, cerrarle la boca, el micrófono, el acto. Que estamos obligados a pedirles permiso para izar o exponer un símbolo nacional. Bolivia vivió el retorno de Jeanine Áñez, sus ministros de Gobierno y Defensa y su gabinete en pleno. Quienes pensaron que Áñez fue una equivocación están equivocados, no es Jeanine, ni Murillo, ni López. Es una corriente ideológica, intolerante, asaltante, racista y depredadora que aún aprovecha de la antipatía de algunos que supo cultivar el MAS como gobierno.

Pero, ¿de qué están ofendidos? ¿No fue Luis Fernando Camacho quien en el clímax de la victoria del golpe de Estado relató cómo su papá arregló con militares y policías para que “no salgan” y los golpistas y sus paramilitares pudieran actuar a sus anchas? ¿No fue Camacho quien inflamado de orgullo relató y mostró cómo policías lo vestían de policía y le protegían para que gestionara, en cualquier lugar del país, la caída de Evo Morales?

Fue Camacho quien, a los pies del Cristo Redentor, en las previas al golpe, se disculpó por su ignorancia, por haber creído que la wiphala representaba al MAS. “No. Es la bandera del país, representa a los indígenas”, dijo mostrándola. Y allí mismo insistió en otro “cabildo”: “Hay que aprender a respetar esta bandera porque representa a los indígenas, no solamente porque los representa sino porque se encuentra estipulado en nuestra Constitución Política del Estado”.

Ésta, de las y los Áñez, Murillo, Camacho, Calvo, Almagro, que se ofenden y castigan por lo que dicen y hacen, ¿es la sociedad, la democracia y el sistema de gobierno que nos proponen algunos medios de comunicación, algunos periodistas y algunos obispos católicos, cuando los apoyan incondicionalmente?

Freddy Morales es periodista.

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