Opinión

No puedo dar crédito a lo que acabo de escuchar en la radio

Erick Roth:

Samuel Doria Medina hace una apología a la producción transgénica en nuestro país. El argumento es que existe la necesidad de aumentar los ingresos nacionales por exportación. Según este personaje, con esta decisión ingresarían al país alrededor de 500 millones de dólares anuales.

El razonamiento detrás de esto es que, en realidad, no importa si los transgénicos enferman o no (y si lo hacen, no es relevante que Bolivia se convierta en un cómplice) sino que el país necesita divisas y circulante. Entonces, digo yo, por qué no nos dedicamos a aumentar la exportación de cocaína o de armas o le entramos a la trata de persona? Son negocios que también generan mucho dinero. Pero esta lógica inmoral no ha sido todo. Doria Medina, muy suelto de cuerpo intentó justificar esta medida argumentando que si antes pensábamos que esto era malo, hoy vivimos nuevos tiempos y que la crisis ahora nos obliga a cambiar de opinión.

Es decir algo es bueno o malo dependiendo de qué lado te encuentras políticamente. Ahora sí es el tiempo en que el fin justifica los medios. Este razonamiento moral muy propio de la política desnuda la fuerza de distorsión que ejerce el poder sobre todos los que se aproximan a él. Estoy cada vez más convencido de la necesidad de mantener distancia física, social, psicológica y sobre todo moral con este tremendo-virus que se llama política.

Erick Roth.
Profesor e investigador Universidad Católica Boliviana.
Doctor en Psicología Social y Métodos