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Una Comunidad de sabios, inteligentes y analfabetos por convicción

Junto a Guayari, el nuevo capitán de Tentayape, estuvieron presentes otros tentayapeños. Ellos también opinaron y aclararon conceptos y respuestas de esta autoridad. Algunas preguntas podrían sonar atrevidas, especialmente las relacionadas a la vida íntima. No estaban programadas, pero ellos las facilitaron y quedamos admirados de su higiene mental.

ESCUCHEMOS A GUAYARI:

Lo que nuestros antepasados nos enseñaron, les enseñamos a ellos. Nuestros padres nos encargaban que hagamos caso de las enseñanzas, que no seamos flojos…Y desde que son chiquitos les enseñamos para que hagan alguna cosa. Primero cuidan las cabras, los chanchos, hacen mamar a los chivitos, dan de comer a los animales. Los niños van creciendo y ya agarran el azadón y nos ayudan con las rayas chutas.

Pero ya van carpiendo, echan semilla, agarran el machete para ayudar a bajerear. Para que no sean flojos, ya están trabajando mientras están creciendo. También aprenden a levantarse temprano, traen leña…

Así nos criaron nuestros antepasados y así les criamos a nuestros niños. En el trabajo aprenden y van creciendo. Después, cuando ya tienen mujer, se acuerdan de cómo su padre los crió y así crían a sus hijos.

Si nos educamos así no vamos a desaparecer. Vamos a tener para que coman nuestros hijos. Si no sembramos, no tendremos chanchos, gallinas, que son los que más comen maíz. Así les enseñamos a los niños.

— ¿Que tiempo que ya eres capitán?

— Ya estoy dos años. Yo no quería ser capitán porque tengo un hermano mayor y hay otros, pero ellos y toda la comunidad presente en el momento de la elección dijeron que yo sea el capitán.

— ¿Cuáles son las obligaciones del capitán?

— Se preocupa de todas las cosas: cómo están los niños, como están los potreros…Es como un corregidor. No faltan animales, especialmente chanchos que son muy dañinos, que se entran en los potreros y hacen daño, y para no discutir, entre el dueño del animal dañino y el dueño del potrero, vienen donde mí.

— ¿Cuando sales a trabajar a las haciendas de los vecinos, quién se queda en tu lugar?

— Yo no salgo a trabajar afuera. Aquí nomás me quedo a trabajar.

— ¿Hay un segundo capitán?

— Si. Se llama Cayani.

— ¿Es tu hermano?

— No, pero es mi pariente, casi todos son parientes.

— ¿También entre todos eligen al segundo capitán?

— Todos también. Pero éste está a prueba.

— ¿Cuando tienen problemas importantes, se junta toda la comunidad?

— Aquí, bajo la sombra de esta tusca, hacemos siempre nuestras reuniones, y si no podemos solucionar, nos vamos donde el corregidor de Igüembe.

— ¿Las mujeres tienen alguna dirigente?

— Nosotros nomás nos fijamos en todo, pero antes, el capitán tenía su mujer y ella se hacía escuchar con las otras mujeres. Era la capitana y les hablaba a todas, en la mañana.

— ¿Cuando llaman a reunión, participan también las mujeres?

— Cuando es una reunión grande, general, vienen todos.

— ¿Las mujeres hablan, participan en las reuniones?

— Hablan y escuchan lo que se dice y así…

— ¿Se pierden las cosas de las casas o potreros, los niños roban?

— No. Aquí eso no hay. Si un niño quiere comenzar a robar, yo hablo con su padre y le digo, “cría bien a tu hijo”. Pero no hay eso aquí.

— ¿Además de enseñarles sus obligaciones, cómo es el trato que les dan a los niños?

— Los cuidamos, los ponemos sobre nuestras rodillas, así está bien. A veces entre los niños pelean, se empujan, pero ¿para qué nos vamos a enojar? ¿Qué les vamos a decir, si ellos están chicos todavía? Ellos no saben. Pero cuando son grandecitos: “¿para que ha hecho eso?”, les decimos y ellos oyen y ya entienden. Cuando ya alcanzan para que se los mande, su padre se puede enojar, pero no les pegan. A los niños que se les pega, se hacen zonzos…

(Un cronista que convivió con los ava, en el siglo 19, atribuye la rápida multiplicación de esta nación al vínculo conyugal y excesivo cariño que brindan los padres a los hijos, este valor cultural, tampoco se perdió entre los ava apatronados.)

— ¿Cuando un ava muere, cual es la situación de la viuda y de los niños?

— Todos nosotros ayudamos. Nos preocupamos por todo y entre todos se lo sembramos sus potreros. Estamos mirando si algo les falta, en todo nos fijamos, hasta que sus hijos crecen y ellos ya le pueden ayudar. Al hombre viudo también se le ayuda.

— ¿Una viuda con hijos, puede volverse a casar?

— Si es joven, y ella quiere, puede volverse a casar. Si sus hijos son muchos se queda así nomás; si tiene hijos para que se lo trabajen ya no quieren casarse, cuida a sus hijos nomás.

— ¿Los matrimonios que pelean demasiado, pueden separarse y volverse a casar?

— Eso aquí no hay. Viejo ya estoy y no he visto que hayan dejado a su mujer o a sus hijos. No he visto que se separen. Nuestros padres nos enseñaron así: a respetarnos. Antes, nuestra mujer capitana decía: “No queremos que jueguen con nuestras mujeres, con nuestras hijas. Queremos que se quieran una sola vez”. No nos podemos separar. Miramos a nuestros hijos y pensamos: “Si los dejo, ¿cómo van a estar estos niños?, ¿quién los va a criar?”

A veces queremos separarnos, pero por los niños, harto ya pensamos: “Su madre no va a poder darles nada. Yo tengo que hacerles crecer, yo tengo que trabajar para su comida… Para eso yo he hecho estos niños…”, así pensamos en Tentayape. Si no hubieran hijos, tal vez nos separaríamos, pero eso no hay aquí. He visto en otras partes que abandonan a sus hijos. Pero aquí no hay eso.

— ¿Cuando los jóvenes quieren casarse, tienen que pedir permiso a los padres?

— Si ellos se quieren, se “agarran” nomás, se “llevan”… Después avisan a sus padres. Y para qué nos vamos a enojar si ya han ido, ya se han agarrado… Así nomás.

— ¿Entonces los jóvenes nomás deciden?

— Si, ellos nomás hablan que se quieren.

— ¿Los padres respetan esa unión?

— Así es.

— ¿Hacen fiesta para el matrimonio?

— No. Así nomás nos juntamos. Pero para el carnaval hacemos fiesta.

— ¿Algún ava tiene dos mujeres?

— Hay uno solo que tiene dos mujeres.

— ¿Vive con las dos en el mismo rancho?

— En una sola casa las tiene a las dos.

— ¿Eso, para ustedes, esta bien o mal?

— Si ellos trabajan bien, si se preocupan por todo, esta bien nomás. Pero si ellos están peleando, no está bien para nadie.

— ¿Y ellas, se llevan bien?

— Si, bien, como hermanas…

— ¿Que haría la comunidad si una mujer casada se mete con otro hombre?

— Eso no hay en Tentayape.

— ¿Qué harían si ocurre?

— Tendríamos que preguntar, saber bien. Pero eso no ha habido aquí.

— ¿Una pati puede casarse con un ava que no es independiente y traerlo a la comunidad?

— De repente, pero eso no ha pasado, ellos casi no pueden venir aquí.

— ¿De los enfermos, también se preocupan entre todos?

— Mira: hace rato ya les he dicho a todos: “Si no está bien (el enfermo que con ustedes fuimos a visitarlo) si el curandero dice que lo llevemos, entre todos lo vamos a llevar a dejar para que lo curen”. Y no habrá ni uno solo que diga “yo no voy a ir”. De repente uno que no esta bien, que esta un poco enfermo, se queda, pero nadie más. “Duerman aquí — les dije— si no esta bien el enfermo levántense a verlo. De repente mañana nos vamos a amanecer caminando. No está haciendo frío y en cualquier cuero, de uno en uno, se duerme nomás”

Ese que está enfermo es el que toca la quena cuando hacemos el carnaval. Es bueno también, no se enoja, no pelea con nadie, habla bien, es guapo… harto trabaja. Unito es su hijo hombre y su hija, una también.

— ¿Tienen cementerios?

— Cuando nosotros nos morimos, en nuestro rancho nos enterramos. Así nomás nuestros antepasados se enterraban. Ahí nomás lloramos, pero ya no hacemos fiesta hasta después de un año.

AUTO CRÍTICA

Antes, no masticábamos tanta coca. Ahora los jóvenes se la pasan acullicando. ¡Coquean demasiado!, incluso cuando no están trabajando.

Cuando yo era joven, sólo en el trabajo coqueaba. Tenía vergüenza de coquear delante de los viejos y, en cuanto salía del potrero, votaba mi coca. Recién, cuando nacieron mis hijos comencé a mascar coca delante de los viejos.

Coquear una onza al día, esta bien nomás… La coca retira el sueño, retira el hambre…

LA PRESENCIA DEL PASADO

Estas tierras siempre fueron nuestras. Nuestros antepasados nos la dejaron y aquí estamos.

Desde siempre nuestros antepasados se hacían crecer el cabello, pero ellos no se ponían el pañuelo para cubrir la cabellera. Ellos se ataban con una cinta de algodón que tejían las mujeres. Nuestros antepasados nos dijeron que no tenemos que hacer perder nuestras costumbres.

NO QUIEREN ESCUELA NI RELIGIÓN

Día antes, Bacuire nos había dicho que no quieren escuela ni religión, porque tienen sus propias formas de educación y de religión que quieren mantener. Hoy agregó:

“Ustedes han venido a visitarnos y yo confío en ustedes, porque somos uno solo. Pero, si de repente ustedes nos dicen: “tienen que ir a la escuela, queremos poner iglesia”, entonces les decimos que no.

Nosotros somos unidos porque nuestros padres, los antiguos, nos han criado así. Y nosotros no tenemos que desaparecer. Aprendemos en el trabajo, con el trabajo nos ayudamos y así estamos bien. No queremos escuela ni religión.”

Luego preguntamos a Guayari:

— ¿Los blancos les dicen que tienen que estudiar, que tienen que aprender a rezar?

— Si, nos dicen. Pero nosotros les decimos a ellos: “No. Si no sabemos hacer rezos, ¿cómo vamos a rezar?” No sabemos. Esos rezos no son de nosotros. Así nomás nuestros padres nos enseñaron y así nomás queremos estar.

¡Y quieren poner una escuela! Pero si ponemos a nuestros hijos a la escuela, se van a ir. No se van a acordar de nosotros y ya no vuelven para decir “este es mi padre, mi madre”. Van a tener vergüenza de decirnos padres. Y si se van hartos, se acaba nuestra cultura, nuestras casas… Por eso no queremos escuela.

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— Foto 1- Traductores en la cordillera que divide Igüembe de Rosario del Ingre. Antes eran dos días de viaje, en buen animal. Hoy se puede llegar a Tentayape en menos de cuatro horas. 1987

— Foto 2- Familia de Guayari. 1987.

— Traducción: Sergio y Edgar Chávez de los Ríos. En una próxima entrega nos referiremos a los traductores guaraníes y carai.

— Título de esta nota en Quereimba: “FORMACIÓN Y EDUCACIÓN”.

— En este reportaje mostramos un poquito del Tentayape de 1987, 1988 y 1995. Al Tentayape de 2004, 2005, 2006 y 2007 lo sentí diferente. No sé cómo es el Tentayape de 2020, pero sé que la Semilla.

Fuente: David Acebey

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