Opinión

¿Porqué llora Camacho?

RICARDO BAJO ►

Un señor me espera cuando acabo el programa en la radio. Viene de lejos, se presenta con mucha amabilidad y tiene una gran Biblia en la mano. Escucha Contextos Salvajes en Red Patria Nueva y me dice que estoy equivocado. Llevo varios días hablando de las iglesias evangélicas y su poder político en países como Brasil, Perú, Argentina o Bolivia. Nos sentamos en el hall de la radio, me la charla y comienza a leer versículos del Antiguo Testamento. Estudié 12 años en un colegio de curas y me sé de “pe a pa” la Biblia, por eso soy ateo. Nos despedimos cordialmente. Una semana después, llega otro señor a la radio, es de la misma iglesia que el anterior. Repite amables modales y calca la visión literalista del “Libro”. También recibe la misma respuesta, “buñueliana”, en este caso: Soy ateo, gracias a Dios. Durante aquella semana de hace dos años, otro oyente también se molestó. Hizo entrar una llamada al aire y me dijo: “Compañero, no todas las iglesias evangélicas son de derecha, también estamos los que vamos a iglesias como las baptistas y apoyamos los procesos de transformación en nuestra Patria Grande”. El cuate tenía razón. A veces pagan justos por pecadores.

Hablar de los evangélicos y su heterógenea influencia política (en Venezuela y México son “seducidos” por sus presidentes) es prepararse para el debate, para bien o para mal porque cada vez son más: 660 millones en todo el mundo. En Estados Unidos son 93 millones de fieles, en China 66, en Nigeria 58, en Brasil 47, en India 28 y en México son tantos como todos los bolivianos y bolivianas juntos, 11 millones. Tienen escuelas, universidades, medios de comunicación, centros culturales y hospitales. Un nuevo fantasma recorre el planeta: los evangélicos cristianos —una corriente del protestantismo— y han formado otra Internacional, la reaccionaria. En Bolivia también están de subida y algunos datos apuntan ya a un 30% de la sociedad.

Pero, ¿qué une a una iglesia evangélica de una favela de São Paulo con una de Seúl? ¿A una de El Alto con otra de Houston, Texas? El anticomunismo. También les une un proselitismo laburante y pragmático, una organización potente, una doctrina y rituales comunes y uniformes, una presencia mediática contagiosa y un salto a la política bien planificado. ¿Por qué todos los candidatos presidenciales en Bolivia pasan ineludiblemente por las pantallas de Xto Tv? ¿Cómo marcan la agenda pública y ponen límites a la conquista y defensa de derechos sociales y sexuales?

El evangelismo nació después de la II Guerra Mundial, apoyado y alentado por Estados Unidos para irradiarse en América Latina, África y Asia, otrora (sub)continentes “propios” del catolicismo. En Sudamérica, hace un siglo, el 94% de la población era católica y solo el 1% se declaraba protestante. En Brasil, en 1970, el 92% decía ser católico, hoy esa cifra ha bajado a 60%. En las últimas elecciones, el 70% de los evangélicos (11 millones de personas) votó por el candidato de la ultraderecha, Jair Bolsonaro. En Bolivia, el señor Chi quedó tercero. El próximo 18 de octubre, Camacho y Chi se disputarán la misma franja de electorado con las mismas recetas de odio y miedo: autoritarismo, defensa de la (única) “familia”, ultraconservadurismo, racismo, religiosidad violenta y desdén hacia las mujeres y los grupos LGBT+ (a los que hay que “curar”).

La comunicación es su gran fuerte y las emociones están en el epicentro de su éxito. En sus iglesias, cantan, bailan, ríen, lloran, nacen de nuevo, luchan contra el demonio, acuden como espectadores a milagros y curaciones, se comunican directamente con Dios y son felices. De fondo para vender la prosperidad, suena la música, siempre hay música a todo volumen, directa al corazón: cumbia, pop, folklore… La Biblia no discrimina ningún género musical, ni siquiera el otrora diabólico rock pesado. También dan plata regularmente a través del “diezmo” y los pastores millonarios montan multinacionales de la fe y el negocio (mediático) gracias a sus pobres creyentes. Es la teología de la prosperidad (para unos pocos). La Biblia no se equivoca. Camacho repite la misma fórmula: lagrimea en televisión, oculta su programa político, invoca a los cielos y lucha contra Satanás, un señor que se parece mucho a Evo Morales. Yo te conmuevo, tú me votas. Por eso, Camacho llora.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.