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¿Para quiénes marchan los ahijados?

La ausencia de objetivos propios  es tan evidente que desde el CIPCA, una ONG que siempre ha apoyado y apoya a los pueblos indígenas reconocen que no existe un pliego petitorio concreto y  llama la atención acerca del riesgo que el escenario sea:  “aprovechado por líderes, autoridades, políticos, cívicos y otros que buscan réditos y que aparecerán como los grandes aliados de los indígenas, me refiero aquellos que históricamente han aprovechado la vestidura de los auténticos defensores de los territorios, guardianes de sus culturas y de la vida” (Alejandra Anzaldo García ANF 8 septiembre de 2021)

Ese aprovechamiento se hace patente bajo la forma de padrinazgo. Hace unos días (El Deber, 6 de  Septiembre 2021) el ocurrente diputado de Creemos, José Carlos Gutiérrez, propuso a cada cruceño «apadrine» un indígena de la XI Marcha que partió desde Trinidad con destino a la capital cruceña, para brindarles logística y ayudarles en su camino a Santa Cruz dijo.

Recordemos que los padrinos cumplen una función para los ahijados, más allá de lo estrictamente religioso, se ha instaurado que sean estos quienes velen por la seguridad de esos ahijados, así como el compadrazgo ha constituido, y constituye, una estrategia, más o menos consciente, de alianzas en vistas a la consecución de objetivos económicos y políticos.

A lo largo de nuestra historia se ha instituido una forma colonial de padrinazgo,  aquella que refuncionaliza las  relaciones sociales comunitarias de compadrazgo basadas en la solidaridad y la reciprocidad  por aquellas donde el compadrazgo es un reflejo más o menos fiel de las relaciones de poder que existen y se caracteriza por el paternalismo. En este sentido, el padrinazgo sirve para encubrir relaciones de poder, una suerte de “amistad instrumental” que permite la relación entre los miembros más prominentes de las élites y sectores subalternos como los indígenas, a los que en determinadas coyunturas se les abre acceso a los cargos menores, pero se reserva para estas élites los cargos de real importancia en la toma de decisiones.

Es de esta manera que se tiene que entender el paternalista padrinazgo del diputado Gutiérrez de Creemos, así como el repentino afecto del Gobernador Camacho hacia los indígenas, ambos expresan un carácter definidamente utilitario y jerárquico asociado con el patronazgo y clientelismo.

Luego, no es extraño que después de catorce días de marcha indígena se rechace al gobierno que intenta un acercamiento con los marchistas para entablar un diálogo y conocer sus demandas, con el único argumento de que se quiere frenar la movilización antes de su arribo a Santa Cruz. Clarísimo, se trata de llegar a Santa Cruz, a como de lugar, el 24 de Septiembre. La cuestión es, una vez más, ¿Para qué?

Como los ahijados de Creemos no tienen objetivos propios, no lo pueden decir, pero si sus padrinos.

Un Diputado de Creemos en un tik tok reproducido en el face de Carmen Eva Gonzáles, Senadora de Creemos, declara con desparpajo y prepotencia: “vamos a defender nuestra tierra y si hay que dar la vida lo vamos a hacer y si hay que dar patada puñete y chicote lo vamos a hacer pero van a salir de nuestras tierras”. A qué tierras se refiere el diputado de Creemos con tan vehemente violencia, a las 26.246 hectáreas que el gobierno busca revertir de la familia del  ex – ministro Branko Marinkovic que en la gestión de la expresidenta Jeanine Áñez se adjudicó de manera totalmente arbitraria e ilegal, así como  40 o  46 predios que presentan irregularidades que en total suman al menos  250.000 hectáreas, las que están en proceso de  revisión.

De eso se trata, de “sus tierras” no de los indígenas.

Lourdes Montero (La razón, 5 de Septiembre) plantea dos hipótesis que explican   la marcha:  la búsqueda desde la Gobernación de Santa Cruz de instalar la narrativa del “avasallamiento” que sufre el oriente por parte de los migrantes del occidente útil para difundir la idea del supuesto peligro de que el gobierno del MAS revierta las TCO indígenas para transferirlas a los migrantes campesinos que al mismo tiempo busca encubrir que Santa Cruz es el departamento más desigual en la distribución de la tierra. La otra,  tiene que ver con la disputa irresuelta de dos frentes que reclaman la representación de los pueblos indígenas de tierras bajas

De eso se trata, aquí no hay reivindicaciones indígenas solamente intereses latifundistas y no nos  extrañe cuando el Parlamento Indígena, si es que logrará instalarse, lo primero que pida es que el tema tierras sea del ámbito departamental y de las gobernaciones, corroborando aquello de que los “padrinos” son los que controlan los cargos dónde se decide, o sea, el poder.

¿Los ahijados sabrán para quién marchan?