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Pandemia y su impacto en la vida de las mujeres trabajadoras de Bolivia

La pandemia ha agravado las múltiples desigualdades que ya afectan a las mujeres.

(APCBolivia).- La economía y el sector del trabajo se están viendo seriamente afectados por el COVID19 en gran parte del mundo, lo que pone en grave peligro los medios de vida y la seguridad de ingreso de las personas a pequeño, mediano y largo plazo. Las consecuencias de la pandemia están exacerbando las ya existentes desigualdades, obligando a los países y sus gobiernos a enfocar sus esfuerzos no sólo sobre la salud de sus habitantes, sino sobre la seguridad de ingresos de las familias y personas, la estabilidad de los puestos de trabajo y la continuidad de las actividades económicas.

Ante esta coyuntura, se hacen necesarios más que nunca fortalecer los sistemas y las redes de protección social, además de medidas coordinadas entre estados, empleadores/as y trabajadores/as, pero también, y especialmente, con y para las personas que se ganan el sustento diario en el enorme mercado informal que inunda las economías de los países en desarrollo, entre quienes se encuentran una mayoría de mujeres. Los elevados niveles de informalidad en países como Bolivia, más la desprotección de la gran mayoría de los puestos de trabajo, hacen aún más difícil la contención del virus frente a medidas de aislamiento social y cuarentena.

IMPACTO DE LA EMERGENCIA SANITARIA SOBRE EL TRABAJO DE LAS MUJERES DE BAJOS INGRESOS.

Reconocer que esta crisis afecta a mujeres y a hombres de manera diferenciada es fundamental, pues los roles de género prevalentes limitan el tiempo disponible de las mujeres para participar en el mercado laboral e influyen en la segregación ocupacional por género, esto es, el tipo de trabajos, actividades económicas y la cantidad de tareas que se hacen dentro del hogar. De ahí que el impacto económico del Coronavirus golpee de manera especial a las mujeres por el gran número de ellas que ocupan trabajos informales o muy precarios, a menudo a tiempo parcial por la necesidad de conciliar el trabajo remunerado y las responsabilidades familiares que siguen siendo, en la amplia mayoria de los casos, atribuidas exclusivamente a las mujeres .

Según el informe “Pobreza y desigualdad: Informe sobre América Latina”, la vulnerabilidad del empleo de las mujeres queda demostrada por el hecho de que 7 de cada 10 mujeres en Bolivia generan ingresos en la economía informal sin ningún tipo de cobertura de seguridad social o protección de la legislación laboral, ya que la gran mayoría de las mujeres bolivianas no tiene acceso a un trabajo estable. La segmentación de la participación laboral en la economía boliviana demuestra que gran parte de esas mujeres sigue estando ocupada en los sectores de servicios y comerciales (82%), los cuales, debido a la emergencia, se han visto seriamente afectados. La brecha salarial entre hombres y mujeres es de alrededor de un 30%.

La dificil situación de los derechos económicos de las mujeres se refleja y vulnera otras dimensiones relacionadas con la calidad de vida, profundizando así las brechas de desigualdad y las múltiples dimensiones de la pobreza relacionadas con el empleo y los ingresos, pero también con las oportunidades en torno a la educación, la salud, la vivienda, los servicios básicos, la seguridad ciudadana y la participación política y social.

Adicionalmente, 1 de cada 3 hogares bolivianos está jefaturizado por una mujer. Para la gran mayoría de cuentapropistas, entre quienes las mujeres están ampliamente representadas, quedarse en casa sin generar ingresos y sin prestaciones por desempleo, es simplemente imposible.

RESPUESTAS A LA CRISIS Y PROPUESTAS A IMPLEMENTAR

Desde un enfoque de género, las medidas de emergencia por lo general no han tenido en cuenta las diferentes necesidades de las mujeres en el mediano y largo plazo, y las del corto plazo miran a las mujeres en su rol reproductivo, en tanto madres, pero no reconoce a las mujeres como proveedoras ni jefas de hogar, tampoco en su calidad de trabajadoras que cumplen un importante aporte y rol en la esfera económica y productiva del país, especialmente a las de bajo ingreso y trabajadoras vulnerables insertas en actividades de la economía informal. Igualmente, las medidas tienden a ser altamente urbanas y es necesario mirar al 30% de la población del país que está localizada en las áreas rurales, donde las mujeres no tienen ingresos propios y el trabajo dentro de la unidad familiar productiva esconde grandes desigualdades de género.

De acuerdo al análisis de género previo, es evidente que la respuesta debe considerar de manera diferenciada las necesidades y capacidades de mujeres y hombres, y tener en cuenta otros factores que inciden en la vulnerabilidad de las mujeres, como la localidad y la etnicidad. Lo importante es que esa respuesta pueda focalizarse sobre quienes están en mayor situación de riesgo, poniendo en práctica políticas e intervenciones que sean efectivas y equitativas, tanto de emergencia como también de mediano y largo plazo.

Si bien el esfuerzo del Estado boliviano es importante tras la llegada al poder del actual gobierno y existe un compromiso de mejorar la situación de las mujeres en muchos ámbitos que la pandemia ha puesto aun mas en evidencia, como en el campo de la violencia que les afecta, se debe reforzar un plan integral y estratégico que mire todas las etapas de la crisis  en el mediano y largo plazo. Uno de estos desafíos está puesto sobre los instrumentos existentes de política pública para atender justamente sectores priorizados como este.

En consecuencia, es urgente desarrollar estrategias centradas en las mujeres como trabajadoras y generadoras de ingresos para lidiar con los problemas de la falta de actividad económica en el corto plazo, como las compensaciones directas especialmente orientadas a las mujeres que no cuentan con un empleo formal, que no tienen seguridad de ingresos permanentes y que son en muchos casos cabezas de hogar.

Agencia Plurinacional de Comunicación APC Bolivia
Paula Pacheco S.

p.d Este artículo es parte de la CAMPAÑA INFORMATIVA Y COMUNICACIONAL INDÍGENA PARA LA PREVENCIÓN DEL COVID – 19 EN MÉXICO, GUATEMALA, PERÚ Y BOLIVIA, que desarrolla CLACPI (CEFREC y CAIB en Bolivia) con auspicio de la AECID Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.