Opinión

La resistencia de los alteños en tiempos de cuarentena

 Edén “Sariri” Cazas Huanca*

La ciudad de El Alto, de origen aymara, acostumbra diferenciarse por medio de sus prácticas y costumbres de otros grupos sociales y étnicos en épocas de crisis económica, política y ahora en tiempos de la pandemia de coronavirus (covid-19). Pues las disposiciones del gobierno central sobre el covid-19 no son acatadas en su totalidad en El Alto. Las ferias de las zonas periféricas funcionan con normalidad; la mayoría de la gente continúa con sus actividades diarias sin medidas básicas de bioseguridad; incluso algunos vecinos alteños organizan campeonatos deportivos los fines de semana; las licorerías siguen abiertas y las borracheras continúan. Nada detiene las prácticas de los aymaras alteños.

Tanto el gobierno central como el municipal hacen los esfuerzos necesarios para precautelar la salud de los bolivianos, sin embargo, los alteños se resisten, se rebelan y en ocasiones burlan a los agentes del Estado.

Claramente el Viceministro de Seguridad Ciudadana, Wilson Santamaría, señaló que el problema está en El Alto y que las demás ciudades estarían acatando con normalidad la cuarentena total. Al parecer la ciudad de El Alto sigue siendo el dolor de cabeza para los gobiernos de turno de todos los niveles del Estado. Para algunos El Alto podría ser una ciudad revolucionaria, rebelde, pero para otros sería ignorante, bárbaro, masista y una infinidad de adjetivos negativos que se inclinan a la agresión verbal; al final el lector pondrá el adjetivo que desee. Entonces en este breve artículo haré una descripción del por qué los aymaras de la ciudad de El Alto no acatan la cuarentena total y qué hacen esos días.  

Primero. La mayoría de los alteños cree que la cuarentena es una excusa para postergar más y más las elecciones nacionales, según el calendario electoral debió llevarse en el mes de mayo de este año. En la última encuesta de intención de voto realizada por Misk’y Utaha’a para la Red ATB, en fecha 2 de marzo de 2020, el Movimiento Al Socialismo, cuyo binomio es Luis Arce y David Choquehuanca, obtiene el 32.6% de votos, mientras que Comunidad Ciudadana (CC), que postula a Carlos Mesa y Gustavo Pedraza, logra el 19.2%, seguido de la alianza Juntos, de Jeanine Áñez y Samuel Doria, con 18.2%. La actual presidenta y candidata por la alianza Juntos está lejos de obtener una victoria según la última encuesta. Entonces para no empañarse con el fracaso toma la decisión de postergar las elecciones y ampliar su mandato unos meses más. Para su suerte justo llega como anillo al dedo la pandemia para prolongar más su permanencia en el poder y ampliar la campaña y por ende cambiar los resultados de la última encuesta. 

En estos tiempos de pandemia, la presidenta está luchando contra el covid-19, pero así también está en campaña dura en nombre de la salud. En esta campaña la presidenta es la única beneficiada porque tiene acceso directo a los recursos económicos del Estado. Mientras que los demás candidatos quedaron estancados o desaparecieron. Seguramente en la primera encuesta que salga al retorno del calendario electoral, la candidata Añez presenciará un leve crecimiento en comparación con la última encuesta. Para los alteños las acciones del gobierno en nombre de la salud son excusas para hacer campaña y por ende pierde credibilidad la lucha contra el covid-19.Asimismo, el gobierno actual carece de legitimidad política. No podemos negar que la ciudad de El Alto se identifica con Evo Morales e indirectamente con el MAS, pues así se mostró en los resultados de 20 de octubre de 2019. La lectura de los resultados permite afirmar que el actual gobierno no tiene aceptación entre los alteños y más aún cuando generó represión y muerte posterior a la renuncia de Evo Morales. Esta situación hace que los policías y los militares no tengan respeto ni legitimidad de los alteños para hacer cumplir la cuarentena. Los policías siguen siendo considerados como motines y traidores ¿Cómo pedir obediencia cuando los policías han desobedecido?

Segundo. Es posible que los alteños no conozcan la magnitud del virus. Quizás para muchos sea solo una gripe más potente. Pero considero que para la mayoría de los alteños esto no es sorprendente, no por ignorancia o por prepotencia, sino sencillamente porque el alteño convive y padece todos los días con muchas enfermedades corporales, tales como: cáncer, sida, reumatismo, vesícula biliar, anemia y otros. Actualmente, el aymara alteño está adaptándose y sabe que la pandemia es otra más de las tantas enfermedades que será superado y que lamentablemente también traerá muerte. Si alguien muere será comprendido porque la muerte es parte de la vida en el mundo aymara, por eso piden levantar la cuarentena, pero también ellos mismos crean sus mecanismos de protección frente al virus por medio de saberes ancestrales, como la medicina tradicional. 

Tercero. La situación económica de los alteños hace que no acaten la cuarentena total.  La mayoría de los alteños vive de la economía informal o economía popular, primordialmente del comercio. Existe ganancia para acumular o sobrevivir cuando se lleva con normalidad el movimiento económico en las calles, mercados, ferias y otros espacios donde existe el comercio, los cuales fueron cerrados en estas semanas. Pero la cuarentena total no es motivo para no generar ingresos económicos. Las jefas de hogar salen de sus casas a la una de la mañana acompañadas de sus maridos o hijos mayores para agarrar productos alimenticios para vender en una feria alejada donde es débil el control de los aparatos represivos del Estado y de esa manera llevar el pan de cada día a su casa. Claramente los vendedores dijeron que: “nosotros no vivimos del Estado ni del gobierno, sino de nuestros esfuerzos”.

Me parece que el alteño aymara prefiere retar al coronavirus que morir de hambre. La necesidad económica se impone al coronavirus. Mientras unos duermen y cumplen la cuarentena, otros están haciendo comercio, sabiendo que podrían contagiarse y morir, pero eso no es anormal para los alteños. Actúan y piensan de esa manera porque el Estado no ha pensado en ellos ni los ha comprendido.  

La mayoría de los alteños que permanecen en sus casas (especialmente por las tardes) aprovechan de la mejor manera posible este tiempo haciendo trabajos manuales. La cuarentena no tiene que ser en vano, el alteño quiere sacar algún provecho. No son vacaciones sino días de trabajo en actividades postergadas. Si visitamos las zonas periféricas notaremos que los vecinos no están encerrados en sus casas mirando películas o interactuando en las redes sociales, por el contrario, están trabajando como si fuese un día común. Se observa vecinos construyendo casas, levantado murallas, empedrando calles, refaccionando y pintando paredes, chapeando autos, etcétera. Estas semanas de cuarentena estuvieron muy concurridas las ferreterías, incluso hubo escases de cemento, la gente buscaba de un lado a otro como si fuese pan de batalla.  

Como conclusión, los alteños con o sin cuarentena seguirán tratando de existir y se adaptarán a las condiciones del virus. Es un pueblo que no espera del Estado. Si dependieran del Estado quizás muchos alteños hoy no existirían. El pueblo aymara nunca necesitó del Estado, pero si el Estado del aymara. 

* Edén “Sariri” Cazas Huanca es politólogo kheswaymara

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