Opinión

La Iglesia boliviana quiere lavarse la cara porque las manos ya lo hizo

La fuerza de las palabras a veces necesita ser dirigida para a través de verdades a medias reducir o dirigir impactos. En ese contexto puede entenderse el comunicado de la “inmaculada”  Comisión Episcopal Boliviana (CEB) que nos brinda un relato del papel de la Iglesia que para creerlo tendríamos que suponer que sus personeros fueran solo representantes de la fe que profesan y no estuvieran contaminados por “intereses mundanos”.

En principio representan los intereses del Estado de El Vaticano que está dentro del territorio italiano y esa idea ya de por si no tendría asidero. En este subcontinente la iglesia tiene grandes propiedades y son religiones oficiales por lo que subvencionan sus servicios y hasta pagan los sueldos de sus personeros.

En Bolivia a todos nos quedó grabado el papel simbólico de la Biblia en el golpe, Camacho la llevó al Palacio Quemado como símbolo de que “volvió la Biblia al Palacio” y cuando Añez la expuso en el balcón exultante y en alto. Una cronología de hechos que se cerró con la quema de la wiphala.

El relato que nos presentan ahora coincide 100 % con los actores del golpe de 2019, por lo que no hace falta pensar mucho para darse cuenta de que lado estuvieron. La neutralidad no existe, tampoco la objetividad.

Hablan de que “lograron la pacificación del país” pero parece que no se dieron cuenta que hubieron sendas masacres de Sacaba y Senkata propiciadas indirectamente por sus decisiones.

La versión más creíble de lo sucedido la hizo pública la periodista María Galindo cuando asegura que la sucesión presidencial después de la renuncia forzada de Evo Morales se realizó en la Universidad Católica Boliviana entre  “el embajador de Brasil como representante de los intereses norteamericanos y de Bolsonaro, Tuto Quiroga como representante de la CIA, Fernando Camacho como cabeza del fascismo y como dueño del proceso de derrocamiento de Evo Morales, no estoy segura pero parece ser que Carlos Mesa también estuvo allí metiendo la pata, Waldo Albarracín y seguramente alguno más pisoteando toda institucionalidad, con la bendición de la cúpula de la iglesia católica”