Opinión

El odio y el temor al “Indio”, la característica principal de la ultraderecha fascista en Bolivia

(APC Bolivia. Sdenka Saavedra Alfaro ).- Una vez más el imperio contra ataca, de manos de la ultraderecha fascista neoliberal capitalista, la que quiere desestabilizar nuevamente a los pueblos, aquellos que continúan de pie después de más de 500 años de genocidio europeo, aquellos que surgieron y continúan su lucha por la defensa de su identidad, de su cosmovisión, la de los pueblos originarios de Abya Yala lo que es hoy América Latina.

Aquellos pueblos que emergieron de un genocidio, de un saqueo inhumano, los que también fueron sometidos a una religión tan distinta a la que ellos practicaban, y además a unas filosofías, pensamientos, leyes tan lejanas a ellos, y obviamente quienes no las aceptaban eran asesinados o sometidos a trabajos forzados.

Pues, de acuerdo al informe de la Organización Survival Internacional, en 1492 existían aproximadamente 90 millones de indígenas viviendo en Abya Yala (66,5 millones en Sudamérica, 13,5 en América Central y 10 millones en Norteamérica). Cien años más tarde el equilibrio demográfico se había roto de tal manera a consecuencia de los trabajos forzados, las guerras, las enfermedades y las matanzas, que los habitantes indígenas de Sudamérica se habían reducido en 40 millones de personas[2].

Precisamente, aquellos pueblos que sobrevivieron y continúan de pie después del 12 de Octubre de 1492, fecha que simboliza el inicio de la explotación y miseria de todo el Continente Americano; porque la etnicidad de la pobreza que hoy perdura no sólo es un hecho evidente, sino que además refleja una tendencia que ya había señalado el mismo Carlos Marx: “Las ideas de los dominadores son las ideas dominantes”[3].

Pues, debemos reconocer, que lo que ocurrió hace 529 años fue un total genocidio humano, fruto de la mentalidad de gente opresora, imperialista que no toleraba otras culturas diferentes, ni otros idiomas, ni formas de pensar, sino sólo la de ellos, la de los dominantes contra los oprimidos, y es justamente esa tendencia la que impera en la ultraderecha fascista neoliberal, la que nuevamente quiere deslegitimizar con todo su aparataje político, mediático imperialista a gobiernos que surgieron de la mayoría del voto de éstos pueblos de Abya Yala, los que poseen y continuarán teniendo su riqueza cultural identitaria de sabiduría existente propia de los pueblos originarios.

Ejemplo de ello, es que no contentos con el Golpe de Estado cívico, militar, eclesiástico, mediático, de la mano de la OEA, representado por Luis Almagro, “ministerio de las colonias”, como lo señaló Fidel Castro, contra el primer Presidente Indígena que erigió el Estado Plurinacional de Bolivia, quién ganó de manera amplia, legal, legítima y limpia las elecciones del 2019, y los que continúan con su muletilla del “Fraude Electoral”, el que tampoco fue probado con ninguna evidencia real, y el mismo que fue diseñado y ejecutado por la derecha neoliberal fascista, liderado por Carlos Mesa Gisbert, quien salió en segundo lugar.

Ahora están nuevamente confabulando contra un gobierno legítimo, como lo es el de Lucho Arce y David Choquehuanca, el que ganó en las urnas derrotando con más de 26 puntos porcentuales, 55.1% frente a 28.9% a su rival Carlos Mesa Gisbert, el que vierte juicios de valor sin respaldo, avalándose por la opinión consultiva de la Corte-IDH, que de acuerdo jurisconsultos “no es vinculante, “y no tiene efecto jurídico”, la que señala que la “reelección presidencial no es un derecho humano”.

Al respecto ya han señalado los jueces Pablo Saavedra Alessandri y Eugenio Raúl Zaffaroni,  que no ven que la reelección indefinida sea “una violación a los Derechos Humanos”, los que también advierten de los riesgos de caer “en una función tutelar” del organismo dependiente de la OEA, lo que significa un nuevo ataque de Luis Almagro y sus “cómplices de la derecha” para desestabilizar la democracia.

Con esto se está comprobando, que Carlos Mesa Gisbert, quien demanda que corresponde un juicio a Evo Morales, cuando “la opinión consultiva no prevé juicios,  ni establece responsabilidades”, sólo se avala de opiniones para encubrir su participación en el golpe de Estado de 2019, que desencadenaron en las masacres sangrientas de Sacaba, Senkata, Pedregal y Betanzos, que dejó el saldo de más de 37 muertos.

A eso podemos añadir que Carlos Mesa y toda la ultraderecha que le acompaña, no oculta su odio al “Indio”, aquel que continúa permeando el imaginario colectivo de los elitistas, de la clase alta, la de pedigrí, tal como dice una expresión conocida de la Conquista: “Sólo un indio muerto es un buen indio”, sólo una alteridad negada (conquistada, alienada, asesinada), sirve para el gran proyecto universalista de Occidente”[4].

Y así cómo Carlos Mesa, alentó ese odio a los jóvenes hacia los indígenas y mandó incendiar tribunales departamentales y quemar el voto porque “no admitió su derrota” en las elecciones de 2019,  así también cuando convocó a los paceños a movilizarse en su contra porque no quería aprobar la Ley de Hidrocarburos debido a prohibiciones del Banco Mundial y Estados Unidos, en 2005, cuando estaba en la presidencia, o cuando por cuidar los intereses del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada, ordenó represiones hasta causar muertos y heridos en el Chapare. Así también continuará su cinismo, su mentira e hipocresía, porque en el fondo le teme al indio, aquel que estuvo 14 años, con el voto del pueblo, nacionalizando los (recursos naturales) y refundando una  Bolivia Plurinacional, inclusiva, que tiene como principal característica el proceso de igualación social, la indianización del Estado (más del 50% de los funcionarios de la administración pública tienen una identidad indígena, nueva narrativa nacional en torno al tronco indígena), la que continúa hoy articulando la hegemonía de todos los movimientos sociales, las federaciones, los obreros, campesinos, indígenas, y que partió bajo el Movimiento al Socialismo con el liderazgo de Evo Morales Ayma, y que ahora continúa con Lucho Arce y David Choquehuanca.

No se podrá hacer desaparecer a líderes, como Evo Morales Ayma, David Choquehuanca o Pedro Castillo del Perú; pues reivindican la lucha de los pueblos que emergieron de un genocidio inhumano, aquel que se llevó a cabo el 12 de octubre de 1492, cuando saquearon a su antojo las tierras de Abya Yala.