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El gobierno se aplazó con la pandemia

►El Deber►

A tres meses de declarada la cuarentena por la emergencia epidemiológica en el país, el drama humano de personas que buscan desesperadamente un centro de salud para hacerse atender muestra que el gobierno boliviano se aplazó contundentemente en el manejo de la pandemia.

90 días no es poco tiempo, y se los desaprovechó porque ahora mismo nos estamos preguntando qué se hizo en este tiempo. La cuarentena era la mejor manera de prevenir y demorar lo más posible el contagio masivo de las personas para que durante ese tiempo se creen las condiciones hospitalarias, se aumente el número de camas para recibir pacientes, se equipen los centros médicos con respiradores y se prepare al personal médico para la gran cruzada de salud en hospitales y clínicas.

¿Cuáles de esas tareas se cumplieron a cabalidad como para decir “hemos cumplido, puede venir el virus que aquí lo esperamos equipados y bien preparados para dar batalla?

La reacción de la gente cada vez que se anuncia una nueva extensión del confinamiento rígido en las ciudades es elocuente: la mayoría de las personas protestan no sólo porque con el encierro ven disminuidos sus ingresos sin trabajar, sino también porque sienten que las autoridades no hicieron su tarea de preparar las condiciones para pelear dignamente en la larga noche del coronavirus.

Se les encargó comprar respiradores, pero se robaron el dinero y ahora no hay ni respiradores ni el dinero. Prometieron pomposamente que el país adquirirá más de 500 de estos equipos necesarios para las terapias intensivas, y no los hay; prometieron masificar las pruebas de diagnóstico, y seguimos a la cola de la región con la mezquina política de no aplicar más tests.

Los recurrentes mensajes televisivos de la presidenta anunciando que “vamos a salir adelante” se quedaron en palabras, muchas palabras, muchas convocatorias a la fe pero pocos hechos; tanto ella como su equipo demostraron ineficiencia a la hora de hacer, y varios de sus actos exhibieron más señales de campaña proselitismo que de campaña contra la salud. 

¿De qué manera si no es con desconfianza se puede observar desde la sociedad que el gobierno de Jeanine Áñez hubiera tenido tres ministros de salud durante esta emergencia? ¿Cómo se puede pensar que en esas condiciones exista una estrategia única y profesionalmente perfilada del Estado boliviano para enfrentar al Covid-19?

Aquellos cuadros de largas colas de madrugada para recibir atención médica u obtener una prueba, de familiares que desesperadamente peregrinan maratónicamente de uno a otro hospital buscando un espacio libre para el enfermo, de aquellos afectados que murieron en plena calle desahuciados por un sistema de salud que ni siquiera pudo recibirlos, pintan con dolor a la Bolivia que sufre impotente la tragedia de un mal que llegó de lejos, pero como país que no supo enfrentar adecuadamente.

Y los de la vereda del frente que no se alegren mucho: ellos –Evo Morales y el MAS– son tan o más responsables de esta tragedia: y no solo porque tuvieron en sus manos el país 14 años en los que ignoraron las necesidades de la salud y teniendo recursos lo gastaron en aviones, edificios grotescos, se robaron el dinero y no invirtieron en hospitales, sino porque con su diario discurso conspirador llaman a la gente a incumplir el aislamiento, siembran violencia, le hicieron creer a los más humildes que el coronavirus es un invento de la derecha, y hacen política con la vida de las personas.

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