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DOMITILA CHUNGARA: Un ejemplo de vida revolucionaria

(APC Bolivia). Domitila nació el 7 de mayo de 1937 en la comunidad Catavi. Cuando tenía diez años, los rigores de la vida en el pueblo minero acabaron con la vida de su madre por lo que tuvo que hacerse cargo del cuidado de sus cinco hermanas menores, pues su padre pasaba todo el día trabajando como sastre de la policía minera.

Empezó su trabajo en la mina como palliri. Que hasta la fecha muchas mujeres continúan realizando este trabajo.

En 1952, como esposa de un trabajador minero, fue parte del Comité de Amas de Casa del Distrito Minero Siglo XX. Ya entonces su liderazgo era evidente, llevándola a ser designada como Secretaria General del Comité de Amas de Casa.

En la década de los ochenta salió del exilio, pero pronto instaló en Cochabamba, donde impulsaba un centro de formación política especialmente destinada a las jóvenes de los barrios más empobrecidos volvió.

En junio de 1967, el presidente René Barrientos Ortuño envió un contingente militar a las comunidades de Catavi y Llallagua, para reprimir las reivindicaciones de los mineros que reclamaban contra los abusos de los grandes empresarios. Tras la matanza sangrienta Domitila fue apresada y torturada por los militares. A consecuencia de estos abusos perdió el bebé que llevaba dentro de su vientre. Este hecho hoy lo conocemos como la Masacre de San Juan.

En 1978 Domitila fue convocada para formar parte del segundo piquete de huelguistas que instaló el sacerdote Luis Espinal en predios del periódico Presencia junto con el sacerdote Xavier Albó para apoyar la huelga de hambre que instalaron previamente cuatro mujeres mineras contra la dictadura, donde en poco tiempo, más de 1.500 personas se sumaron a la huelga.

Con el pasar de las horas, los huelguistas se multiplicaron por miles, y al régimen militar no le quedó otra opción que claudicar en favor de la democracia.

Apoyó a doblegar a la dictadura militar del Gral. Hugo Banzer Suárez obligándole a iniciar una verdadera apertura democrática y no un simulacro, como era lo originalmente planeado.

Su lucha es hoy ejemplo para muchas de las mujeres que siguen la lucha de la revolución y el cambio social, donde no podrán callar la voz de las mujeres.

La persecución de la que fue objeto la líder minera sólo sirvió para multiplicar el alcance de su palabra y de la causa que representaba, fue conocida no solo a nivel nacional sino en escenarios internacionales. Su palabra y testimonio se plasmó en el libro Si me permiten hablar de Moema Viezzer.