Opinión

Bolivia. Crimen sin castigo

(Camilo Katari).- En el año 2009, con la aprobación de la nueva Constitución del naciente Estado Plurinacional, asumimos que había quedado atrás el Estado colonial-republicano. Las recientes declaraciones del Ministro de Gobierno de aplicar una política parecida a la ley del Punto Final, de Alfonsín en la Argentina, pone en duda la construcción del Estado Plurinacional, que no solamente se reduce al reconocimiento de las naciones originarias como sujetos históricos, sino de un cambio en los valores del viejo Estado colonial-republicano.

En el viejo Estado colonial-republicano los golpes de Estado y los espacios democráticos fueron procesos complementarios que permitieron la reproducción del sistema de dominio. Cuando el pueblo comenzaba a demandar sus derechos y su lugar en la historia, fueron las armas que devolvían “orden, paz y trabajo” sometiendo a las voces rebeldes.

Las masacres de campesinos y mineros son el testimonio de esta forma de administrar el poder en beneficio de la casta señorial, que de encomenderos se transformaron en dueños de minas y haciendas y se prolongaron como exitosos empresarios y mediocres políticos.

De esta forma los responsables de los golpes de Estado, no fueron juzgados, simplemente se justificaba su proceder por la necesidad de “castigar” a quienes osaban promover desorden en el orden colonial.

Barrientos, surge del malestar de los mineros (reconocida vanguardia político ideológica del pueblo boliviano) respecto a las políticas implementadas por Víctor Paz Estenssoro, Banzer, es la respuesta violenta a la Asamblea Popular, Natusch se pone al servicio del MNR y a García Meza no le agrada el sistema político. Todos ellos tienen el discurso de la “subversión, las ideas foráneas, como el castro comunismo”.

La única aventura golpista que fue juzgada, se debió al contexto internacional de defensa de los derechos humanos y a la persistencia de un grupo de abogados ligados al MIR y con una clara posición democrática, este es un hecho histórico, los desenlaces posterior de este partido pertenecen a otro tipo de análisis, diferentes al interés de estas notas.

El objetivo de profundizar la democracia, tomando en cuenta la democracia comunitaria, que es un proceso descolonizador, ha quedado en la letra muerta de la Constitución, los intentos para descolonizar la justicia, encontraron un muro infranqueable en las corporaciones del entramado jurídico que está compuesta desde el abogado litigador hasta la cabeza del Órgano Judicial, los cambios han sido solamente simbólicos.

Perdonar a los actores de un largo proceso de conspiración, no contra un gobierno, sino contra un Estado, cambia cualitativamente la gravedad de lo acontecido en noviembre del 2019, no se trató de “sacar del gobierno a Evo Morales” sino de retornar al viejo Estado colonial-republicano, en eso radica la gravedad de los acontecimientos de noviembre.

La voluntad popular, con una memoria histórica de más de cinco siglos, ha decidido transformar las bases constituyentes de lo que hoy llamamos Bolivia; y es contra ese proceso histórico que se preparó, promocionó y ejecutó el golpe de noviembre. No tener en cuenta la dimensión y características de ese proceso es pecar de una inocencia histórico-política, o lo más grave ser cómplices de ese intento de retorno al viejo sistema.

Todas las conquistas, las reformas han sido producto de las luchas populares, por eso existe el odio hacia toda organización popular, por eso se trató de exterminar el proletariado minero, por eso se trató de cooptar el sindicalismo campesino, por eso se sacó la cruz y la biblia para consagrar las masacres. Estamos nuevamente en la disyuntiva de recuperar los contenidos fundamentales del Estado Plurinacional o retornar al viejo Estado colonial-republicano.

#CamiloKatari