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Antonio Abal: «Otra vez aparece el racismo contra campesinos e indígenas, como generador de violencia»

(Carlos Aznárez y María Torrellas, Resumen Latinoamericano).- Para tratar de comprender qué está ocurriendo en Bolivia, donde otra vez suena los tambores de la desestabilización golpista, tomamos contacto con Antonio Abal, investigador, escritor y militante político.

-Antonio, cómo estás viendo esta nueva vuelta de tuerca del golpismo, que por ejemplo, ha lanzado un paro de los Comités Cívicos, una movilización por parte de la derecha que han tenido como resultado varios enfrentamientos, que causaron la muerte de un campesino adicto al gobierno.

-Efectivamente en Bolivia se dan estos sucesos y la historia nos señala que hay que tener mucho cuidado, te pongo un ejemplo: en 1979 en el mes de noviembre hay un golpe, y gracias a la resistencia popular en 16 días se derrota ese golpe. Estoy hablando del coronel (Alberto) Natusch Busch y la famosa matanza conocida como la masacre de Todos los Santos. Tengamos en cuenta que ese es el periodo más corto de la reconquista de la democracia, cuando en 16 días el pueblo derrota al golpe. Los partidos políticos pensaron que esta derrota había sepultado las intenciones de golpe y volvieron a la normalidad de la democracia liberal que conocemos, donde los partidos empiezan a trabajar sobre sus proyectos y todo lo demás. Al año siguiente, en julio de 1980, Garcia Meza pone en marcha uno de los golpes más sangrientos que se dieron en Bolivia.

-¿Crees que ese ejemplo sirve para analizar este complejo presente que vive Bolivia?

¿Me pregunto: qué nos enseña la historia? En realidad, el tema del golpe y la fragilidad democrática siempre ha estado presente. Estamos viviendo la misma situación y hay mucha gente que está convencida que el golpe no va prosperar y que la gente ya ha tomdado conciencia. Eso mismo se dijo en 1979, la fragilidad democrática en Bolivia tiene que ver con pugnas no resueltas históricamente, que no pasa por el tema de la vigencia o no de una democracia liberal como es la que tenemos ahora. Hay contradicciones muy profundas en Bolivia, por ejemplo el tema del racismo y este es el motor generador de la violencia del 2019, que ahora está siendo nuevamente utilizada.

-¿Lo ocurrido estos días en Potosí va en esa línea?

El caso de Potosí es clarísimo, allí se ha repetido lo que ha sucedido en Sucre en 2008, es decir: unos compañeros de origen quechua del norte de Potosí que fueron al festival folclórico que tenía que realizarse con motivo de la efemérides de la ciudad, fueron agredidos por el simple hecho de estar en Potosí con el mismo argumento que se utilizó en Santa Cruz, en La Paz y en Sucre ¿Qué hacen estos campesinos en la ciudad?, ese es el discurso. Entonces, están las contradicciones que van más allá de una cuestión estrictamente de clase, como analizan algunos marxistas el caso boliviano. Son estas relaciones profundas que no han terminado de ser resueltas, y por lo tanto nuestra historia está plagada de golpe-periodo democrático-golpe y así sucesivamente., Esa es la lectura que tenemos que hacer en este momento que está atravesando Bolívia y claramente los mensajes siguen siendo exactamente los mismos. El discurso del presidente de los Comité Cívicos de Santa Cruz que gira en conceptos como; «por la libertad y la democracia, amparados en el manto protector de Dios», ese es el discurso, exactamente repetido miles de veces en la historia boliviana. Esa es la situación actual, yo definiría como de fragilidad democrática, y no hay una reacción política estratégica de largo plazo que tenga que ver con la solución de ese problema en Bolivia. Eso sigue latente y los 14 años del gobierno del Movimiento al Socialismo no han sabido superar.

Te quería preguntar a propósito de eso, ¿cómo esta reaccionando el MAS frente a un embate reaccionario, que como bien señalaste tiene una historia? ¿Hay conciencia de que hay que generar un ámbito de movilización popular muy fuerte para desbaratar un futuro golpe?

-El MAS como organización política no ha hecho ningún pronunciamiento. Hay una debilidad muy conocida del MAS como instrumento político en los centros urbanos, como es  el caso de Cochabamba, Santa Cruz, Sucre, todas las capitales tienen ese problema. La fuerza radica en los movimientos sociales y concretamente en el Pacto de Unidad. A partir de esto, sus organizaciones están dando pautas, tampoco una señal clara, pero sí pautas por dónde deben ir las acciones frente a esta arremetida. Esta semana está prevista la marcha de las compañeras Bartolinas en Santa Cruz. Esto es interesante: las mujeres que recuperaron la democracia en 2020 nuevamente son las que estaban en primera línea dando los pasos que se deben dar, es decir una manifestación popular de rechazo a este intento antagonista. Entonces, ahí tenemos una presencia del movimiento social organizado que son las hermanas Bartolinas en el propio territorio del conflicto, es decir que en Santa Cruz están comenzando la movilización. Por su parte, la Central Obrera departamental ha hecho un par de declaraciones, pero la movilización efectiva la están haciendo las compañeras Bartolinas. En otros lugares, como es el caso de Potosí, vemos la fractura que ya viene de mucho antes, por parte del sector de cooperativistas mineros que son empresarios y que siempre han estado del lado del Comité Cívico de Santa Cruz y de la estrategia desestabilizadora de (Fernando) Camacho. Hay cooperativistas metidos en el oro, que tienen una mirada más empresarial, que están ubicados en La Paz, y otras   cooperativas mineras de Potosí, que también pertenecen a esa corriente reaccionaria de apoyo al golpe y a este pacto.

Estas fracturas hacen que en Potosí hubp una concentración, estos cooperativistas han dando un plazo de 24 horas gobierno y son este tipo de reacciones que en conjunto están representando lo que antes señalaba, esa vieja disputa que no es simplemente por el poder político sino también por el territorio, por el imaginario social y por la vigencia de un sistema, de una estructura oligárquica en Bolivia, ese es el tema de fondo.

-Qué pasa con la policía y las Fuerzas Armadas,  porque en el 2019 fue la policía la que jugó un papel predominante en alentar la andanada golpista y después finalmente los militares pusieron el sello al final. ¿Han sido depuradas esas estructuras?

-Lamentablemente esta depuración y reorganización es muy lenta y estamos viendo ya los primeros resultados de esa falta de una depuración orgánica total. Recientemente, escuché el testimonio de una dirigenta de las Bartolinas de Potosí que estuvo en los enfrentamientos, y ella señalaba que la policía fue quien permitió que fueran acorralados los hermanos que estuvieron allí, y fue la policía quien abrió las rejas para que entren los miembros del Comité Cívico. O sea, propiciaron el enfrentamiento en Potosí, la policía estuvo de lado de quienes buscaban confrontación. Por otra parte, en Santa Cruz, la policía si ha despejado algunos puntos de bloqueo, pero en Cochabamba no se mira una acción decidida de la policía. Hay que dudar de la policía, por un elemento que va más allá de lo que vimos en 2019, grandes sectores de esa fuerza, estamos hablando de oficiales y parte de la tropa pertenecen a las Iglesias evangélicas.  Entonces, hay que recordar las oraciones que regimientos íntegros de la policía realizaron en 2019, por su pertenencia a estas Iglesias Evangélicas. Hace poco en Santa Cruz un pastor evangélico fue a dar su apoyo total al Comité Cívico, hoy hay que tomar en cuenta para tratar el tema político en Bolivia que se ha complicado a partir de la introducción de estas Iglesias Evangélicas en la policía y en las Fuerzas Armadas. Son un factor interno también de la toma de decisiones, no solamente la Constitución es la que puede dirigir lo que hacen tanto las Fuerzas Armadas como la policía, sino estas otras instituciones que por momentos tienen más poder que la misma organización estatal. Esas son las variables que se deben tener en cuenta y por eso mismo la fragilidad como cuerpo de obediencia a la Constitución, tanto de la policía como de los militares.

Hemos estado viendo también en estos días todo un trabajo de descolonización, impulsado por el vicepresidente David Chuquehuanca y el filósofo Rafael Bautista, ¿Este trabajo descolonizador le está llegando también a la sociedad o es más que nada materia de investigación y se queda un poco encerrado en los talleres y no llega tanto a la población en general?

-Hace poco me tocó estar en un panel justamente sobre el tema de descolonización y participé en un panel con el ex canciller, y ahí sentí que el tema de la descolonización está siendo atrapado simplemente como una filosofía de análisis, de reflexiones. Por otra parte está siendo apropiada por algunos intelectuales como un tema de debate intelectual, y por lo tanto lo están despojando de la potencia política que tiene.  Hay que traducir el tema de la descolonización como herramienta teórica, que desnuda esta relación colonial en la estructura y en la formación social boliviana, y tiene que dar una respuesta de acción política de descolonización. Esto está puesto en práctica desde el gobierno, y hay que desmontar los dispositivos de reproducción de la mentalidad colonial, como son los procesos escolares, las instituciones estatales, etc. Realmente es un trabajo muy grande y no se está haciendo eso. Entonces, es posible que esto de la descolonización se convierta igual que en su época ocurrió con el marxismo, en una curiosidad intelectual o en un debate estrictamente filosófico, sin hacer caso de lo que el mismo Marx señalaba, es decir no se trata de interpretar el mundo, se trata de cambiar. La descolonización tiene que dar ese paso, no se trata de interpretar las relaciones coloniales sino de cambiar esas relaciones y ese paso todavía no se ha dado.

Transcripción: Karen Carrizo