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21 de Junio, Año Nuevo de los pueblos del hemisferio sur

Por: Emb. Fernando Huanacuni Mamani*
 

Los calendarios de los pueblos indígena originarios, expresan los ciclos de la Madre Tierra y del Padre Cosmos, marcados por las fases del sol y de la luna, que constituyen los relojes maestros del multiverso en nuestro sistema solar. Los Calendarios Ancestrales, son calendarios solares, lunares o lunisolares; el Calendario Andino, es un calendario lunisolar, que además de señalar los ciclos del sol, a través de los solsticios y equinoccios, también señala las fases de la luna. En Aymara, “Phaxsi” significa “mes” y también “luna”, estableciendo una clara relación entre ambos; las cuatro fases lunares con una duración cada una de siete días y las cuatro semanas que tiene un mes, dando en ambos casos ciclos de 28 días. Este calendario está distribuido en trece meses de 28 días cada uno, que en total suman 364 días que conforman un año y el día número 365, está dedicado a la ceremonia del sol, WILLKA URU en aymara.

El 21 de Junio, marca el momento de mayor alejamiento de la Madre Tierra y el Padre Sol (solsticio de invierno), por lo que se constituye en el día más frío del año y señala el inicio del Año Nuevo Originario en todo el hemisferio sur, así como en el Hemisferio Norte las culturas ancestrales celebran el año nuevo el 21 de diciembre. A esta celebración el pueblo Mapuche la denomina WE TRIPANTU (año nuevo), los quechuas o kichwas INTI RAYMI (fiesta del Padre Sol) y los aymaras la denominamos WILLKA KUTI (retorno del Padre Sol).
Los templos construidos por nuestros ancestros, están orientados a los cuatro puntos cardinales y además describen los movimientos y ciclos del sol, de la  luna, de los planetas y de las constelaciones, como Stonehenge en Inglaterra, Teotihuacan y Chichén Itzá en México, Macchu Picchu en Perú y Tiwanaku en Bolivia.

En Tiwanaku el Templo de Kalasasaya, o Templo de las Piedras Paradas, también denominado Templo del Sol, es un observatorio astronómico y un calendario solar; porque permite observar los cambios de la trayectoria del Sol, marcando los solsticios y equinoccios. Así, los rayos solares en el solsticio de invierno, el 21 de Junio, entran por el lado noreste del Templo. Este lado además coincide con la montaña Illampu. Los rayos solares en el equinoccio de otoño el 21 de Marzo y en el equinoccio de primavera el 21 de Septiembre, entran por la parte central. Y finalmente, los rayos solares en el solsticio de verano el 21 de Diciembre, entran por el lado sudeste y se alinean con la montaña Illimani. 

Los pueblos indígena originarios, a través de los calendarios ancestrales, además de acompañar los momentos precisos para sembrar y cosechar, mantienen ese vínculo sagrado con los ciclos de la Madre Tierra y del Cosmos, porque saben que para lograr armonía en nuestras vidas, debemos estar en armonía con estos ciclos. Además de la importancia social y política de recuperar los calendarios indígena originarios, hay una urgencia de volver a unirnos al ritmo y vibración del multiverso; que nos permitirá una nueva percepción y expresión de la vida.

El calendario vigente y hegemónico en la actualidad, es el Calendario Gregoriano, promulgado por el Papa Gregorio XIII, después de la conversión de Roma al Cristianismo. Es importante saber que haber adoptado el calendario Gregoriano, no tenía nada que ver con buscar mayor exactitud en la observación astronómica, sino más bien con aspectos de carácter político-religiosos, vinculados a la búsqueda de expansión del poder. Hoy el calendario gregoriano está desfasado de los ritmos del tiempo, así como el ser humano moderno está alejado de su propia naturaleza.

Nuestros ancestros sabían de la importancia de conocer y seguir el ritmo de los cambios del multiverso, teniendo una referencia astronómica y no simplemente una convención humana. Estudiosos plantean que “el calendario es una estructura para comprender la relación entre tiempo y poder”, cualquier pueblo o sociedad que quiera tener en sus manos su propia historia, debe entender la dinámica del tiempo, pues la expresión de sus sociedades depende de su calendario. Por esta y muchas otras razones es trascendental proyectar la recuperación de los calendarios ancestrales, como parte del proceso de descolonización y reconstitución de nuestra identidad y por lo tanto de reconstitución de nuestra cultura y nuestra fuerza. 

Al amanecer del día 21 de Junio, se reciben los primeros rayos del Padre Sol de un nuevo ciclo, en una búsqueda de recibir esa energía de inicio y proyectar ese nuevo ciclo, uniendo nuestras fuerzas a las fuerzas del multiverso.

Cada 21 de Junio se realizan ceremonias en todos los lugares sagrados del continente desde el norte hasta el sur, y este 21 de junio por las condiciones actuales a nivel mundial, recibiremos los primeros rayos del Padre Sol desde nuestros hogares, reafirmando nuestro compromiso con nuestros abuelos, nuestra historia y con ese nuevo tiempo que está viniendo y en el que volverá a brillar la sabiduría de nuestros ancestros.

Jallalla Machaq Mara 5528!


*Es aymara. Miembro de la Comunidad Sariri.