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Chiquitanos contra mamelucos



(Opinión. María Esther Mercado).- Los mamelucos, en árabe “mamlek”, poseído, fueron esclavos guerreros islamizados e instruidos militarmente para servir a los califas entre 977 y 1831. La misma etimología árabe aunada a una palabra aborigen “maloka” o aldea, se llamó de esa forma en América a los nativos tupies que combatían bajo las órdenes de portugueses y bandeirantes brasileros (los piratas de tierra) para cazar indígenas que vivían en las reducciones o misiones jesuíticas. 

Durante las reducciones, las entradas armadas de los blancos cruceños y el asalto constante de los mamelucos impidieron entre los chiquitanos una verdadera distinción entre colonos, mamelucos y misioneros. Al inicio de la evangelización, la crueldad de los portugueses hizo aborrecer el nombre de Padre, de forma tal que los nativos sospechaban de los misioneros creyéndolos mamelucos disfrazados para cazarlos y llevarlos a la costa brasilera en calidad de esclavos, a tal punto que estaban siempre en alerta con flechas envenenadas o armando una emboscada para quitarles la vida. Es así que esperaban un tiempo prudencial para cerciorarse de las intenciones de los curas mandando uno de los suyos a las reducciones para conocer a los aludidos misioneros. (Cf. Tomicha 2002).

El origen de tal confusión venía de las experiencias de los nativos con los cazadores de esclavos portugueses, así también con los colonos cruceños, cuyo interés era evitar la formación de las reducciones, esparciendo al viento que los religiosos eran mamelucos disfrazados que buscaban su captura. Tal es así que a principios del siglo XVIII, los cruceños rumoreaban en voz alta que los misioneros los irían a entregar al enemigo, esto con el fin de inducirlos a retirarse de las misiones para poder venderlos. Los bandeirantes utilizaron la misma artimaña, aprovechando símbolos religiosos que repercutía negativamente en la labor misional. En ese contexto, se puede señalar que hubieron numerosas muertes ocasionadas por los indígenas a los misioneros. Asimismo, muchas parcialidades nativas se internaban en los montes y bosques al sentir la llegada a sus pueblos de los jesuitas acompañados por indígenas de otras etnias. Sin embargo y sorprendentemente, los curas afirman que los chiquitos fueron reducidos al católico vasallaje sin más armas que la santa cruz, por eso, el religioso chiquitano Roberto Tomichá en su tesis doctoral afirma: “Los jesuitas usaron métodos pacíficos. Si bien por lo general iban acompañados de nativos guías e intérpretes, ellos portaban armas a ser usadas como defensa en casos de necesidad”. 

No obstante, es importante señalar que antes de la fundación de las misiones, las etnias que conformaron la cultura chiquitana estuvieron en pie de guerra cerca de 200 años frente a las invasiones y sometimiento de los españoles y portugueses. Por esta razón, se deduce que los misioneros en su labor evangelizadora hayan encontrado indígenas cansados y dóciles. 

Por otro lado, el historiador cruceño Jorge Abastoflor ilustra que la belicosidad y valentía de los chiquitos, evitó que los bandeirantes invadan y se apropien de aquel vasto territorio que actualmente es la Chiquitanía. “De no ser por la defensa de los chiquitos - añade - probablemente el Brasil llegaría hasta Cochabamba”.