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En defensa de los procesos antiimperialistas



(La Época).- La dinámica histórica de los pueblos y países de América Latina y el Caribe pone nuevamente en el centro político actual la contradicción entre el poder imperialista que busca profundizar sus acciones de intervención y dominación que impulsa la división y confrontación internas en la región con las iniciativas de los procesos nacionalistas y antiimperialistas que promueven la liberación nacional, la independencia económica y la integración de la Patria Grande como única opción para ser parte protagónica de las tendencias mundiales que configuran el cuadro geopolítico multipolar de fuerzas continentales.

El ascenso de las fuerzas políticas radicalmente conservadoras, neoliberales y pro imperialistas en Argentina con Mauricio Macri en 2016, Chile con Sebastián Piñera en 2018, Colombia con Iván Duque en 2018 y Brasil con Jair Bolsonaro en 2019 marca el pulso de las tendencias orientadas a desmantelar los avances de la “década ganada” del periodo 1999-2015 de la unidad latinoamericana y caribeña caracterizada por las iniciativas propias de emancipación nacional-popular, de recuperación de la identidad, la soberanía y la dignidad.

Si bien los golpes dados a los procesos de integración expresados en la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que se establecieron al margen de la intervención norteamericana, son duros; la construcción popular latinoamericana y caribeña se mantiene en la resistencia y coordinación de los pueblos y movimientos populares de todo el subcontinente y en los gobiernos de Miguel Diaz Canel de Cuba, Evo Morales de Bolivia, Nicolás Maduro de Venezuela, Daniel Ortega de Nicaragua, Salvador Sánchez de El Salvador y otros del Caribe.

A esta cruzada nacionalista revolucionaria se ha sumado, con cautela por su cercanía con el poder imperialista y con la ferocidad de Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador de México, quien desde su posesión ha dado señales claras de la orientación de su gobierno hacia América Latina después de tres décadas de gobiernos mexicanos entregados a la voracidad imperial.

En los vertiginosos movimientos y transformaciones geoeconómicos y geoestratégicos que se están produciendo a nivel mundial en este siglo XXI —poderes emergentes de China, India, Irán, Rusia o Turquía y deterioro y crisis en las metrópolis europeas y norteamericanas— en el marco del predominio capitalista, se hace imprescindible impulsar, defender y fortalecer los procesos antiimperialistas, las organizaciones populares de trabajadores, los movimientos sociales y todas las manifestaciones del pueblo.

La lucha de resistencia no es nueva: la guerra de la independencia y de unidad de la Patria Grande se propagó en el siglo XIX por todas las latitudes de Nuestra América; el rechazo a las invasiones españolas, inglesas, francesas y estadounidenses estuvieron presentes a lo largo de los dos últimos siglos; el pensamiento latinoamericanista emancipador de la generación del 900 está siendo rescatado, así como los procesos nacionalistas de Lázaro Cárdenas, Juan Domingo Perón, Getulio Vargas, Augusto Cesar Sandino, Farabundo Martí, la Revolución Nacional de 1952, Fidel Castro y Hugo Chávez, entre otros.

Asimismo está presente y debe profundizarse el debate teórico y político entre el historicismo tradicional de las oligarquías sometidas al colonialismo mental y educativo con el revisionismo crítico de la historia social de nuestro continente y nuestros países.

* Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.