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De yatiris, astrólogos y analistas



(La Razón. Yuri F. Tórrez*).- Al despuntar cada año, astrólogos, yatiris y analistas políticos se disputan el escenario mediático para lanzar sus predicciones. Y el inicio del 2019 no fue la excepción. Obvio, este año es electoral y, por lo tanto, los vaticinios políticos se expandieron por doquier. Algunos pronostican con base en el movimiento de los astros, otros hacen lecturas sesudas de las hojas de coca y por último, hay quienes ofician como “analistas” y hacen prospecciones que traducen sus propios deseos o trazan una línea de opinión.

Los adivinadores presagian un devenir lúgubre. Algunos analistas, al igual que otros yatiris, lanzan osadamente un oxímoron: este año electoral se fortalecerá la dictadura. Otros astrólogos coinciden con varios analistas en que la inclinación del cosmos da señales esperanzadoras del fin de un ciclo político. Entonces, se imaginan a una Bolivia, como ocurrió desde su nacimiento, gobernada nuevamente por “ilustres” ciudadanos.

Otros son más apocalípticos: el Gobierno se aferrará al poder como garrapata. Para ese propósito especulan que la estrategia ya está diseñada: el fraude electoral o el no reconocimiento de una eventual derrota electoral. Este escenario catastrófico derivaría inexorablemente en el cierre del Parlamento. Por lo tanto, estas predicciones vislumbran que la democracia boliviana estará a la deriva. Otros analistas políticos dicen que hay una rabia contenida en el pueblo boliviano que se expresará en las urnas contra el oficialismo, pero no explicitan de qué “pueblo” hablan y mucho menos, cuál es el origen de esa rabia.

Quizás un estudio psicoanalítico profundo daría cuenta de los espectros que rondan detrás de tales predicciones. Muchos dicen que las movilizaciones ciudadanas donde se grita desaforadamente “Bolivia dijo No” serán cruciales para el voto. No obstante, Pierre Bourdieu nos recuerda, en un acierto sociológico, que en toda movilización social hay un entrecruzamiento de intereses y muchos de ellos están en lo “no dicho”, pues revelarlos excedería lo políticamente aceptado.

Muchos astrólogos y analistas prevén que este año será polarizado, como si la polarización se reduciría a una disputa electoral entre los dos candidatos con mayor preferencia en las encuestas. Sin aclarar, entre otras cosas, que la polarización supone un momento de alta y ampliada tensión política anclada en diversos clivajes que se refleja en un “empate catastrófico”, poniendo en vilo a la sociedad.

Estas predicciones parecen elaboradas con polvos mágicos que nos recuerda al aprendiz de brujo, quien usó magia para limpiar el castillo de su maestro, y éste se volcó despiadadamente contra él. Estas predicciones no son resultados de disquisiciones reflexivas sobre el campo político boliviano, son especulaciones que tienen un propósito: configurar una agenda política con base en sensaciones de un peligro imaginario en la que las predicciones agoreras frente al miedo y a la incertidumbre tienen una mayor eficacia de interpelación política.

Entonces, estos adivinadores políticos juegan a aprendices de brujo. Se erigen como heraldos que anuncian hecatombes. Sus sentencias apocalípticas trazan la estrategia del miedo con mucha eficacia en coyunturas electorales. En estos tiempos de la postverdad, el miedo basado en supersticiones tiene efectos políticos imprevistos. Así, las predicciones de astrólogos, yatiris y analistas políticos en los medios de comunicación agrandan las narrativas del miedo.

* Sociólogo.